CRÍTICA POR EDUARDO ARBOLEDA BALLÉN (JULIO2002)

El color es también la forma en la obra de Roser Aguiló. El cromatismo distribuye la superficie del lienzo. Pone orden, organiza y, si es necesario, hace la vista gorda si en el lienzo se organiza algún jolgorio. Porque los cuadros de Roser tienen la cualidad conjunta de los contrarios. Son obras de descontrol, pero con su respectiva resaca. Son también trabajos serios, pero que siempre tienen una sonrisa de alegría escondida.

Las superficies delimitadas se combinan con otros espacios donde el impulso espontáneo busca su lugar. Organiza su pintura, con insolencia, pero con enmarcado sentido de la proporción. En su exposición en http://www.aguilo.org presenta obras que definen perfectamente su línea artística. Se nota de manera evidente que Aguiló no intenta alcanzar metas, para luego recrearse plácidamente en sus logros artísticos, sino que trata de marcarse objetivos nuevos, eso sí, con una línea de coherencia. Así el contraste de superficies cromáticas de algunos de sus trabajos, es sustituido en otras creaciones por rasgos casi caligráficos.

 

Se nota en Roser Aguiló una alegría en el trabajo que se traduce en el resultado final. El gesto es en ella la herramienta del sentimiento, el rastro de su intención. Así, su aplicación gestual es el lenguaje que mejor le sirve en su expresión, es puro sentimiento, y su fuerza es la franqueza.

Esta pintora catalana aspira a estructurar un orden, pero un tipo de orden que, en última instancia, retiene la apariencia del desorden original como una manifestación de libertad. Tiende a dejarse llevar por un subjetivismo instintivo y creador que construye una obra maravillosamente libre y explosiva en su espontaneidad.

Por Eduardo Arboleda Ballen (ArteyCreatividad) 

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