Sensibilidad creadora en una obra llena de emociones y sentimientos

Galería Terra Ferma (Grupo Escolá), Lleida. Del 20 de mayo al 2 de junio de 2005. La forma de los cuadros de Roser Aguiló es algo tan sutil como su derivación directa de sus sueños, una producción onírica y ofrecida como un pleno de cromatismo, exaltación de la mancha a la expresión máxima, y, a pesar de la extraordinaria unión de manchas, dibujo y color, un triunfo justo de la sencillez, del dominio de los colores, sabios siempre, nunca estridentes, suaves, nunca ofensivos, dentro de una amplísima gama, en la que no se impone ninguno sobre los demás. Siempre el cromatismo, en singular, domina sobre los colores, en plural, imponiéndose el matiz, la delicada templanza de la pintora, con sus flores, sus lances toreros, sus animales extraños, sus lirios blancos, la ternura de una maternidad estrebada, todo ello como entrevisto a través de las manchas de una rémora irrealidad, que queda florando en el ambiente, como si un conjunto de poemas visuales nos tratasen de abrir el camino a través del arte actual.
Roser Aguiló, joven pero veterana artista, antigua alumna de la Escuela Llotja, de Barcelona, y nacida muy cerquita de allí, en l`Hospitalet de Llobregat, expone ahora en la galería Terra Ferma, de Lleida, desde el 20 de mayo al 2 de junio. Cuanto hemos dicho hasta aquí lo habíamos ya escrito hace años, y tenemos que insistir en ello, porque el arte de Roser no ha sido sino un progresar por este camino lleno de belleza, de surrealismo muy especial, de pequeños líneas dibujadas con perfecta organización, plasmación de las ideas perfectamente claras de una mujer que traspasa los umbrales de las galerías, que sale de las paredes donde penden sus obras, como si hubiese gritos y susurros que surgen de sus lienzos. Seguramente la mancha se multiplica con fuerza, con impacto descriptivo, con visiones intensas, con técnica depurada, con sensibilidad y con dominio del cromatismo, para transmitir con todo ello un conjunto de emociones y sentimientos que, no solo hacen fácil la invitación a la contemplación, sino que nos piden participación activa, flotando entre animales míticos, manchas orgiásticas y caligramas misteriosos. De todo esto encontramos en una obra tan original como perfectamente incluible en la más viva actualidad.
PEDRO J. ORTEGA (Periodista y Crítico de arte del portal Gal-art)